domingo, 18 de enero de 2009

Actitudes del misionero

  • Anunciar el Evangelio: no vamos a hacer una simple oración y después hablar
    del tiempo o de temas triviales, sino a anunciar el Evangelio a partir de la realidad de la familia y del país.
  • Conducidos por el Espíritu: porque sin Él nada podemos; porque sólo Él
    puede hacernos superar nuestras limitaciones humanas; porque Él es el que realiza la obra evangelizadora, impulsando e iluminando a los misione­ros y convirtiendo los corazones de los misionados.
  • Teniendo a María como estrella de la evangelización: porque ella presidió con
    su oración el nacimiento de la Iglesia misionera; porque es el modelo más acabado de seguidora de Jesús y se convierte en modelo de vida para todos los tiempos y situaciones.
  • Ser asiduos en la oración: porque no puede anunciar al Señor quien no lo
    conoce; porque no puede hablar en nombre de Dios quien antes no lo ha escuchado; porque vamos a anunciar su palabra, y no la nuestra; porque somos débiles; porque nos faltan conocimientos y generosidad; porque sólo Él puede mover los corazones de los hermanos.
  • No esperar ver frutos (ni inmediatos ni tal vez mediatos): sembramos, pero no sabemos cómo, ni cuándo ni quién cosechará; confiar en que todo lo he­cho por amor da su fruto en el Reino de Dios, aunque no lleguemos a verlo.
  • Certeza del éxito: porque el Señor está empeñado en esta tarea y por lo tanto
    no nos dejará solos; porque lo que parece imposible es posible para Dios; porque no podemos olvidar que el Señor nos ha asegurado: “Yo estaré con ustedes hasta el fin del mundo”.
  • Humildad: para no sentimos ni buenos ni mejores; para presentar la verdad
    simplemente.
  • Alegría: para que lo que ofrezcamos entusiasme y valga la pena ser vivido.
  • Sin desalentarse: no imponer la visita, y por lo tanto no desalentarse ante los
    primeros signos de desconfianza o indiferencia.

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