- Anunciar el Evangelio: no vamos a hacer una simple oración y después hablar
del tiempo o de temas triviales, sino a anunciar el Evangelio a partir de la realidad de la familia y del país. - Conducidos por el Espíritu: porque sin Él nada podemos; porque sólo Él
puede hacernos superar nuestras limitaciones humanas; porque Él es el que realiza la obra evangelizadora, impulsando e iluminando a los misioneros y convirtiendo los corazones de los misionados. - Teniendo a María como estrella de la evangelización: porque ella presidió con
su oración el nacimiento de la Iglesia misionera; porque es el modelo más acabado de seguidora de Jesús y se convierte en modelo de vida para todos los tiempos y situaciones. - Ser asiduos en la oración: porque no puede anunciar al Señor quien no lo
conoce; porque no puede hablar en nombre de Dios quien antes no lo ha escuchado; porque vamos a anunciar su palabra, y no la nuestra; porque somos débiles; porque nos faltan conocimientos y generosidad; porque sólo Él puede mover los corazones de los hermanos. - No esperar ver frutos (ni inmediatos ni tal vez mediatos): sembramos, pero no sabemos cómo, ni cuándo ni quién cosechará; confiar en que todo lo hecho por amor da su fruto en el Reino de Dios, aunque no lleguemos a verlo.
- Certeza del éxito: porque el Señor está empeñado en esta tarea y por lo tanto
no nos dejará solos; porque lo que parece imposible es posible para Dios; porque no podemos olvidar que el Señor nos ha asegurado: “Yo estaré con ustedes hasta el fin del mundo”. - Humildad: para no sentimos ni buenos ni mejores; para presentar la verdad
simplemente. - Alegría: para que lo que ofrezcamos entusiasme y valga la pena ser vivido.
- Sin desalentarse: no imponer la visita, y por lo tanto no desalentarse ante los
primeros signos de desconfianza o indiferencia.
domingo, 18 de enero de 2009
Actitudes del misionero
Etiquetas:
Actitudes del misionero,
Misión Diocesana 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario